En Lima… En Lima está lloviendo

el agua sucia de un dolor

qué mortífero! Está lloviendo

de la gotera de tu amor.

No te hagas la que está durmiendo,

recuerda de tu trovador;

que yo ya comprendo.. . comprendo

la humana ecuación de tu amor.

Truena en la mística dulzaina

la gema tempestuosa y zaina,

la brujería de tu “sí”.

Mas, cae, cae el aguacero

al ataúd, de mi sendero,

donde me ahueso para ti…

Hoy me gusta la vida mucho menos,pero siempre me gusta vivir: ya lo decía.

Casi toqué la parte de mi todo y me contuve con un tiro en la lengua detrás de mi palabra.

Hoy me palpo el mentón en retirada y en estos momentáneos pantalones yo me digo: ¡Tánta vida y jamás! ¡Tántos años y siempre mis semanas!…

Mis padres enterrados con su piedra y su triste estirón que no ha acabado; de cuerpo entero hermanos, mis hermanos, y, en fin, mi ser parado y en chaleco.

Me gusta la vida enormemente pero, desde luego, con mi muerte querida y mi café y viendo los castaños frondosos de París y diciendo: Es un ojo éste, aquél; una frente ésta, aquélla…

Y repitiendo: ¡Tánta vida y jamás me falla la tonada! ¡Tántos años y siempre, siempre, siempre! Dije chaleco, dije todo, parte, ansia, dije casi, por no llorar.

Que es verdad que sufrí en aquel hospital que queda al lado y está bien y está mal haber mirado de abajo para arriba mi organismo.

Me gustará vivir siempre, así fuese de barriga, porque, como iba diciendo y lo repito, ¡tánta vida y jamás! ¡Y tántos años, y siempre, mucho siempre, siempre, siempre!